Zineb Mounfalouti: “Gracias al baloncesto aprendí a hablar, a recuperar mi fuerza como mujer, mi personalidad.”

Un día gris y la constante amenaza de la lluvia impidieron que pudiéramos ir a la playa a realizar la entrevista, que era lo que Zineb quería, por lo que optamos por ir a un pequeño bar de su barrio, más cerca de lo que ahora considera su casa. Zineb, marroquí de nacimiento, lleva más de diez años en España y su vida ha sido una verdadera montaña rusa, llegando a lo máximo que puede aspirar un deportista en su país y viviendo un infierno a su llegada al nuestro. Ahora es una mujer que vive cada día disfrutando del baloncesto en todas sus facetas, feliz. Luchadora nata, inconformista y que lo da todo por los demás, Zineb nos abre su corazón y su alma, arrojando luz entre las nubes de tormenta y dejándonos un mensaje claro de superación y entrega.

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Aunque nos ha salido un día bastante malo y no hemos podido ir a la playa, que era lo que tú querías, ¿por qué decidiste que hiciéramos la entrevista allí?

Primeramente porque tengo un recuerdo muy bueno de la playa: cuando era pequeña siempre iba a la playa con mi padre, aunque en Marruecos, por motivos religiosos, no es habitual ver a toda la familia en la playa, porque las mujeres no se pueden bañar con bikini delante de los demás; pero cuando yo iba con mi padre me ponía pantalón corto, porque me permitía tener esa libertad, y siempre me ha gustado que me brindara la oportunidad de ir como yo quisiera, entonces relaciono la playa con un sentimiento de libertad. Por otra parte, me encanta la naturaleza de la playa, los amaneceres y las puestas de sol, siento que el sol me “carga las pilas”, me da mucha energía también disfrutar del agua, de la arena. Me gusta incluso en invierno, cuando estoy enfadada voy sola, con mi chaqueta y me quedo mirando las olas, intentando pensar en cosas positivas mientras me transmiten paz y calma.

También me gusta porque en esos momentos pienso que entre mi madre y yo solo está el mar, y que para llegar a ella solo tengo que cruzarlo, por muy grande que aparente, me siento conectada a ella a través de la playa. Me gusta muchísimo.

Una curiosidad personal, ¿qué significa tu nombre Zineb?

Mi nombre hace referencia a un árbol que da mucha sombra y que da muchos frutos, es algo muy bonito, que tiene mucho que ofrecer.

¿Y te sientes identificada con tu nombre?

Sí, la verdad es que mis padres escogieron un nombre perfecto para mí, porque yo me considero una persona que da mucho, mucho cariño, y me gusta darlo.

Empecemos por el principio, por tu infancia, porque tú eres de Marruecos, de Casablanca.

Nací en Casablanca, estudié allí. Dejé los estudios por el baloncesto, porque allí no es posible compaginar los estudios con el deporte, es muy difícil. Además mi familia no me apoyaba a la hora de hacer deporte, no es que sean malos padres, no, es por tema cultural, por cómo educaron a sus padres, la tradición les dicta que el deporte estropea la vida, en el sentido de que si eliges hacer deporte tienes que dejar los estudios, no lo ven como algo positivo o complementario, siempre culpando al deporte unos malos resultados en el colegio o el instituto.

Y es por ello que dejé los estudios, para que no estuvieran siempre castigándome, y comencé a trabajar con mi padre en la carpintería. Con 13 años yo quería apuntarme a un club de baloncesto y me faltaba la firma de mi padre y como sabía que él no iba a dejarme le pedí a un vecino que firmara, con su identificación y todo.

Mis padres no saben mi historia en el baloncesto. Sí, me compraban las zapatillas que necesitaba, pero no me apoyaban, no me llevaban a los entrenamientos ni a los partidos, lo hice todo sola, luché sola por el baloncesto. En ocasiones me iba andando a los entrenamientos, que eran bastante lejos de donde yo vivía, en la otra punta de Casablanca, o incluso le quitaba dinero a mi madre para poder coger el autobús, o le pedía a algún entrenador que me recogiera en coche. Todo esto con 13 años, imagínate. Me costó muchísimo empezar en el baloncesto, pero era algo que adoraba y nadie iba a ser capaz de impedir que yo lo consiguiera.

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¿Cómo era la vida de una adolescente en Casablanca?

Bueno, ahora han cambiado mucho las cosas, además llevo fuera de Marruecos 10 años, pero en mi época no se miraba tanto por las chicas, había malas miradas si ibas con pantalón corto, no es habitual que las chicas hicieran deporte, solo aquellas cuyas familias tenían mucho dinero entraban en los clubs deportivos. Mi familia no es rica, es normal, pero casi todos mis ahorros eran para comprarme zapatillas. Y como he dicho antes, mi familia no me apoyaba. Por ejemplo, ellos no sabían si yo tenía partido, o si después me tenía que duchar, me escondía como podía para que no vieran que venía de jugar. Era un desastre. Es más, hasta el día de hoy, mi padre nunca me ha visto jugar un solo partido, y eso que he jugado en categorías profesionales e internacionales. Mis hermanas sí y mis vecinos también, pero mis padres nunca.

¿Cuánto tiempo duró esa época en la que tenías que ir escondiéndote?

Desde los 13 años hasta los 19 cuando me iba a entrenar me preguntaban: “¿Dónde vas?” Y yo les decía: “Bueno, me voy con una amiga…”; pero decirles que iba a entrenar no. Antes del baloncesto yo jugaba a balonmano y practicaba atletismo, y un día incluso tuvo que venir una entrenadora a mi casa para intentar convencer a mis padres para que yo pudiera ir a entrenar con total libertad, decía que ella se encargaría de todo, de llevarme, de traerme, de darme de merendar…, porque estaba interesada por mi físico en que compitiera en salto de altura.

Atletismo y balonmano, entonces, ¿cómo descubriste el baloncesto?

Pues un día, por casualidad, vi un partido de baloncesto y me gustó el dinamismo que tiene, la manera de hacer jugadas, es un mundo muy diferente del balonmano. El balonmano, para mí, es más “bruto”, en cambio, el baloncesto, desde mi punto de vista, es más elegante, y el día que vi un partido de baloncesto me enamoró, era como ver una película, un espectáculo, no sé cómo explicarlo. Y pensé: voy a probar. Y al final acabé en el Club más caro de Casablanca. Cuando llegué me preguntaron si yo ya jugaba a baloncesto y tuve que decirles que no, pero no se lo creían, y quisieron que me quedara, que tenía “piernas para el baloncesto”. En ese club se portaron muy bien conmigo, se encargaron de darme chándal, zapatillas, de todo, sin yo tener que pagar nada; y esa fue la primera oportunidad que me dieron para yo entrar en el mundillo y empezar a progresar como jugadora. La única pega era que estaba lejos de mi casa y, como he comentado, lo pasé un poco mal en cuanto al transporte, tenía que buscarme la vida si quería seguir jugando a baloncesto, y luché por él.

Iba pasando el tiempo, yo seguía entrenando y mejorando y vino a ficharme otro Club que me ofrecía unas mejores condiciones, sobre todo porque ¡venían a recogerme a casa! Aunque el Club donde estaba era más grande y tenía mejor fama, a mí no me compensaba tener que salir corriendo del colegio para coger el autobús y recorrerme la ciudad de punta a punta todos los días. Es que, fíjate, por lo que decía antes, a las demás jugadoras iba un chófer de la familia a llevarlas y recogerlas de los entrenamientos.

Y fue en esa época cuando mis padres empezaron a aceptarlo y a asimilar que yo soy jugadora de baloncesto, pero seguían sin apoyarme, no se enfadaban conmigo pero me dejaron claro que no esperara que fueran detrás de mí a partidos y eso. Yo intento convencerles de que no es algo malo, incluso me enfado con ellos, pero la cultura, en estos casos, pesa mucho… ¡Aunque al menos me compraban las zapatillas!

En este nuevo Club entrenaba como una loca cada día y con 22 años me llamaron para formar parte del equipo nacional. Hasta ese momento el baloncesto femenino en Marruecos es como si no existiera, pero llegó un entrenador marroquí desde Francia que insistió en las instituciones en que el baloncesto femenino estaba ahí y que había que sacarlo a la luz, por lo que empezó a conformarse una Selección Nacional, primeramente con unas 50 jugadoras que, más adelante, fue reduciéndose el grupo a 30. Con estas 30 jugadoras teníamos que ir a Francia a una especie de concentración antes de definir la plantilla final, y allí no veíamos otra cosa que no fuera la cancha y la pelota. Yo seguía mejorando, porque nos juntábamos con gente de allí, venían entrenadores internacionales a darnos charlas y a hacer entrenamientos con nosotras.

La verdad es que fue una experiencia muy enriquecedora y a la vez muy dura, porque no podíamos permitirnos un día de descanso si queríamos formar parte de la selección final, pero en definitiva lo disfruté muchísimo.

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¿Cuánto tiempo estuviste formando parte de la Selección Nacional?

Cinco años. Jugamos en Túnez para conseguir plaza para disputar los Juegos de la Francofonía y nos clasificamos para ir a jugar a Canadá, y allí era otro nivel, aunque quedamos las últimas, la experiencia de enfrentarnos a tan buenos equipos es indescriptible. Fueron cinco años que no se me van a olvidar nunca, era como vivir en el mismísimo corazón del baloncesto.

¿Cómo finalizó esa etapa de equipo Nacional?

Bueno, después de jugar en Canadá y terminar últimas, la gente de la Federación de Marruecos decide que hemos gastado demasiado dinero sin haber conseguido los resultados esperados, y disuelven el equipo. Pero es que, en mi opinión, llevábamos muy poco tiempo como para esperar resultados, aún quedaba mucho por hacer. El caso es que como querían resultados inmediatos de un equipo surgido de la nada, habían estado llamando a entrenadores extranjeros para que dirigieran la Selección, y eso costaba mucho dinero. Ahora, después de casi 10 años, parece que la Selección Femenina de Marruecos ha vuelto otra vez. Incluso me llamaron para volver, pero yo ya estaba en España y me resultaba imposible.

Desde que dejaste la Selección, ¿no habías vuelto a jugar a baloncesto?

Sí, continué jugando en mi club uno o dos años más. Era el mejor club de la ciudad en la época en la que yo estaba allí, ganando varios títulos como la copa del Rey o la “Champions”.

¿Y por qué dejaste de jugar?

Porque me casé, no porque no pudiera seguir jugando. Me casé con 26 años y dejé el deporte.

¿Cuándo llegaste a España y por qué viniste a Petrer?

Pues hace ya 10 años. Vine directamente a Petrer porque mi pareja vivía aquí. Vine por amor. Lo conocí y me enamoré de él en Marruecos, después de siete años de novios nos casamos y nos vinimos aquí, a la vez que dejaba mis zapatillas colgadas allí.

Cuando nos casamos mi ex-pareja me dijo que me olvidara del baloncesto, que ya no existía para mí. Y yo, que tenía una venda en los ojos, le di la espalda al deporte. Pensaba que iba a ser algo fácil, que no me iba a costar desprenderme del baloncesto.

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Es que cuando es algo que ha formado parte de ti a un nivel tan profundo y que lo has llevado siempre tan dentro…

Claro, yo pensaba que era fácil dejarlo, y lo dejé, ¿eh? Pero yo lloraba sola cada día, sin que él se enterara, porque si lo llegaba a descubrir se enfadaría. Lloraba por el baloncesto. Además, cuando llegué a Petrer no sabía nada de español. Nada de nada. Y encima el deporte en general desapareció de mi vida y eso era algo que me dolía en el alma y por ello chocaba cada día con mi pareja, aunque intentaba disimular que mi infelicidad era por no poder practicar deporte; buscaba cualquier otra excusa, pero en el fondo era por el deporte.

Nació mi hijo Omar. Sin deporte. Nació mi hija Sofía en 2010. Sin deporte. Y cada día tenía que llorar. No era feliz. En 2012, más o menos, cuando Sofía ya estaba un poco más crecida me planteé que esto no podía seguir así, que, para mí, la vida sin deporte no es vida, y pensé en volver a Marruecos para recuperar el baloncesto, porque se me antojaba imposible poder recuperarlo aquí. Allí tenía a mi gente, pedía volver a mi trabajo, a volver a sentirme integrada, porque yo aquí no me sentía integrada, ni siquiera sabía hablar bien, ni conocía a nadie. Y por casualidad una chica me dijo: ¿pero cómo te vas a volver? En realidad tenía razón, la situación me había vencido, pero si siempre había luchado por mis sueños, era el momento de volver a luchar, pero no podía vencer a mi marido, que me manejaba y manipulaba como quería. Con lo fuerte que he sido yo, que luché contra mi padre y mi madre, pero con él no me veía capaz, hasta que un día me planté y le dije: oye, me gusta el deporte y me gusta el baloncesto.

Total, que preparé mi curriculum y lo llevé al polideportivo de Petrer, marché de vacaciones a Marruecos y cuando regresé me llamaron y me ofrecieron entrenar un equipo de alevines, a pesar de que yo no tengo titulación y de dejarles claro que no sabía hablar español.

No me lo podía creer. Iba a volver al baloncesto. Me acuerdo de ir saltando y gritando por la calle que por fin iba a vivir el baloncesto otra vez. Y cuando se lo cuento a mi pareja no le sentó demasiado bien y volvimos a chocar. Me dice que si vuelvo al baloncesto iba a perder a mi familia. Yo no la perdí, al final la perdió él. Nunca me apoyó, y volví a luchar como había luchado con mi padre.

Como he dicho, no sabía hablar, no conocía las palabras técnicas del baloncesto, así que me busqué libros, me haces listas de palabras traducidas, me fijaba en las expresiones de los demás entrenadores para yo decirlas igual, pero fue inevitable que me quedara blanca cuando me dieron un silbato y me dijeron que ahí tenía a mi equipo. Y entonces pensé: lo que me enseñaron a mí, voy a enseñarles a ellos; pero tenía que hacerlo con gestos, casi sin hablar. Yo tenía el baloncesto dentro de mí pero no sabía cómo sacarlo fuera. Y agradezco muchísimo a los papás de los niños que entendían mi situación y me ayudaban en todo lo que podían.

Un día teníamos un partido en Benidorm con el alevín y los papás propusieron ir a jugar y quedarnos a dormir allí, a lo que mi pareja dijo: “si te vas a Benidorm y te quedas a dormir allí con tu equipo ya no vuelvas”. Y contesté: “pues ya no vuelvo”. Y ahí terminó nuestra relación.

Así que por el baloncesto dejé a mi pareja, que me dio a elegir entre él y mi verdadera pasión. Y me quedé con el baloncesto y con mis dos hijos…

Y con muchos más amigos.

Muchísimos. Gracias al baloncesto aprendí a hablar, a recuperar mi fuerza como mujer, mi personalidad, recuperé a la verdadera Zineb. Volví a recordar yo una vez fui una jugadora , que he conocido a muchísima gente, gente buena, que me apoyaba a tope. Por el baloncesto gané muchísimo, ahora estoy feliz, porque además he vuelto a jugar en Elda. Cuando vine aquí hace diez años yo quería jugar y me dijo mi pareja que me olvidara de eso, y después de doce años he vuelto a jugar. Esto no tiene precio, no tiene palabras que expliquen lo que siento cuando vuelvo a jugar. Ahora mi pareja se ha ido y tengo que luchar con dos hijos, ir al partido, llevarlos conmigo, pedir a la gente que cuiden de ellos… al principio fue una lucha horrible que ha durado unos 5 años, pero al final creo que lo conseguí, ahora estoy en paz; mis hijos han crecido y están grandes, ya no me molestan mucho, me defiendo con el idioma, como entrenadora. De hecho creo que conseguí ser entrenadora por mi forma de ser, he aprendido a transmitir lo que me gusta y lo que me han enseñado, porque ser entrenador no es solamente un titulo, es el cariño y la pasión por el baloncesto, los gestos, las miradas, lo sé porque yo, que no he sabido transmitirlo con palabras, después de casi cuatro años lo he conseguido, y puedo decirlo, con la cabeza bien alta.

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Vamos a hablar ahora de ti como jugadora en la actualidad, cuando llegaste al equipo de aquí de Elda como jugadora, ¿qué te parecieron las jugadoras? ¿Te sentiste acogida?

Desde el primer día. Fue casualidad: estaba en un torneo en Elda y yo estaba hablando con mi equipo, y vinieron dos chicas, María [Martínez] y Paloma [Ortín], a preguntarme si yo era jugadora, a lo que tuve que contestar que “fui” jugadora. Me preguntaron si quería jugar con ellas en su equipo. Yo no había planeado volver a jugar y entre risas les dije que no. Ellas creyeron que estaba de broma y fueron a decirle a Vicente, el entrenador, que habían encontrado a una nueva jugadora. Yo dejé que dijeran lo que quisieran, que a mis 38 años no me veía volviendo a jugar, a pesar de que aún conservo fuerza física, no me veía con fuerza mental. Más tarde, en casa, lo pensé mejor y decidí probar. Y cuando vine a entrenar… me sentí como en casa, las chicas estaban contentas conmigo y conocí a otras personas maravillosas. A la hora de volver a casa estaba como en una nube, como en un sueño, riendo, llorando, mezclaba emociones. Llamé a mi familia para decírselo y no se lo podían creer, porque en Marruecos con 38 años ya no juegas. La ventaja que tengo es que he conservado el físico y la energía. 
Volviendo a la historia, esa misma semana teníamos un partido amistoso en Santa Pola y me preguntó Vicente si podía jugar, le dije que por supuesto, y en ese partido me sentí como una líder, como si me fuera a comer el mundo. Acabé abrazando a las chicas y recordando que había perdido la confianza en mí misma pero que aún tenía algo que ofrecer a este deporte. Los sueños al final se consiguen, tarde o temprano, si se persiguen. Tengo muchos sueños que, cuando llegué a Petrer, veía imposibles, y mírame ahora, estoy completamente integrada, entrenando y jugando al deporte que me apasiona y con una relación con mis compañeras fantástica. Me siento querida. Cristina [Navarro], Miguel Ángel [Martínez]… me han ayudado mucho. Y me olvidaba de Álvaro [Fuentes], que ha sido mi mayor apoyo, siempre diciéndome: “Tú eres muy grande, tú sabes jugar”. Se lo agradezco todo de corazón.

Y a tus hijos, ¿les gusta el baloncesto?

A mi hijo Omar le gustaba mucho pero creo lo ha ido “aborreciendo” un poco por mi culpa, porque lo llevaba lunes, miércoles y viernes conmigo de cinco a ocho un poco obligado a mis entrenamientos, y tenía que estar en el banquillo, pasando el frío, esperando hasta que terminase yo. Aún así es deportista, hace atletismo en el club de Petrer. Por otra parte a Sofía le gusta pero no quiero obligarla para que no le pase igual que a Omar.

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¿Qué otras aficiones tienes?

Me gusta correr, participo también en carreras. Incluso ahora quieren ficharme con las veteranas en el Petrer, pero con dos cosas no puedo. Me gusta correr con Omar, muchas veces participamos juntos y a veces pienso que de dónde puedo sacar la fuerza, no parece que sea mía después de haber estado 10 años parada, pero me encuentro bien al hacerlo. 
Me gusta el flamenco, la guitarra, patinar, correr por la montaña, hacer senderismo… me gustan muchas cosas. Pienso que también es porque en Marruecos es difícil encontrar hobbies siendo niña, así que ahora, de mayor, intento probar muchas cosas y la mayoría de ellas me gustan.
Hasta me gustaría entrar en el ejército. Me explico. Me gusta ayudar a la gente, me saqué el título de primeros auxilios, soy voluntaria en la Cruz Roja y en el centro de discapacitados; y por mi edad no podría entrar directamente al ejército, pero sí como voluntaria, ir en ambulancia…
Me gusta también el mundo de los modelos, de la fotografía, hubo una época en la que hice, entre comillas, de modelo en presentaciones de trajes largos en Marruecos, pero al casarme, aquello también se acabó. Verdaderamente mi pareja me ha quitado la vida. Me ha costado sangre, sudor y lágrimas intentar volver a conseguirlo todo aquí.

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Por último, para ti, aunque creo que ya ha quedado bastante claro, ¿qué significa el baloncesto? ¿Cuál es su secreto? ¿Por qué a la gente le apasiona?

Es un vicio, es como la droga, la pruebas, te gusta y no puedes dejarlo. El baloncesto es mi pasión, significa trabajo, lucha, superación, ambición. El baloncesto ha formado mi personalidad como mujer, creo que la personalidad que tengo de mujer luchadora es por el deporte, creo que si no fuera deportista no seria así. Te doy un ejemplo: somos nueve hermanas en Marruecos, nueve, y como yo hice mucho deporte y mucho baloncesto soy muy diferente a ellas, no pienso igual, tengo una percepción de que yo existo y valgo como mujer, incluso como una mujer casada, porque allí si no tienes personalidad el marido te chafa. Yo soy así porque el baloncesto me ha hecho así. Digo siempre que el baloncesto y mis hijos son mi inspiración. Ahora me doy cuenta de que no son esas dos cosas solo lo que tengo aquí. Ahora sé además de mis hijos y el baloncesto tengo a la que puedo llamar “mi gente” de Elda y Petrer, que está detrás de mi apoyándome.

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Entrevista: Irene Vidal y Néstor Codina

Fotografías: Néstor Codina

Nota final: Elige a nuestro próximo protagonista escribiendo el nombre del candidato al que quieres que entrevistemos en los comentarios de abajo.

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